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19 de Abril de 1993
Sai Sruti, Kodaikanal
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Dios no está en una tierra extranjera.
Dios está presente en nuestro cuerpo.
El pecado no está en una tierra extranjera.
El pecado está en uno mismo, en el cuerpo.
Encarnaciones del amor:
La enemistad y la amistad, la divinidad y las cualidades demoníacas, están presentes en la misma persona. La amistad y la enemistad, ambas se basan en los sentimientos del hombre. El verdadero enemigo no está fuera. Toda la enemistad que notamos fuera está en la persona misma, es decir que solo es un reflejo de la persona, de su propio interior. Olvidando esta verdad, el hombre imagina que los amigos o enemigos de fuera lo harán feliz o lo lastimarán. La enemistad o la naturaleza demoníaca no están fuera. Ambas están contenidas en el corazón (hridaya) del hombre. Entonces, ¿quién es un verdadero enemigo? ¿Cómo es la Divinidad? En los miembros del cuerpo está la sociedad, sangha.
Kama, krodha, lobha, moha, mada, maatsarya: el deseo, la ira, la codicia, la falsedad, el orgullo y la envidia. En el cuerpo está representada sangha (la sociedad) y también janga; y en esta janga también está linga, que indica la naturaleza átmica. Este linga de uno mismo es responsable de sangha y janga en el cuerpo [1]. Se puede saber si hay sangha, o sociedad, en el cuerpo. Es usual que en la sociedad haya quien dice “no”, mientras otros dicen “sí”. De la misma manera, en nuestro corazón hay una sociedad, donde una parte dice “sí” ante una decisión, mientras la otra parte dice “no” ante la misma decisión.
¿Quién dice sí o no? Dentro del hombre hay una sangha o sociedad, que emprende acciones o las rechaza. La prueba viviente es que cuando alguien decide hacer algo, en su interior aparece otra proposición que dice “no lo hagas, haz esto otro”. Esto es el reflejo del sentimiento de sangha interior. Allí es donde se notan la enemistad y la amistad. El primer enemigo es kama, el deseo. El segundo enemigo es krodha, la ira. Cuando el deseo no es satisfecho, surge la ira. Si el deseo es satisfecho, conduce a lobha, la codicia. Ambos son nuestros enemigos.
Cuando aceptamos a ambos, aparece el cuarto enemigo, la falsedad (moha o asathya). Este enemigo hace que la vida humana pierda el rumbo. Cuando comienza asathya también comienza adharma, la injusticia. La enemistad, que comienza con el deseo, termina con la injusticia.
Es decir que los enemigos no están fuera. Tenemos dentro de nosotros a estos cinco enemigos: kama, krodha, lobha, asathya y adharma (el deseo, la ira, la codicia, la falsedad y la injusticia). Los enemigos de hoy pueden convertirse más tarde en amigos, y los amigos de hoy pueden llegar a ser enemigos más tarde. Pero los enemigos interiores nunca cambian. ¿Quién es el líder de estos enemigos? La mente (manas) es el líder de los enemigos interiores.
Aquel que cede y se somete a los enemigos interiores, ¿cómo podría capturar a sus enemigos exteriores? Esa persona está atrapada interiormente. Por lo tanto, tenemos que destruir a los enemigos interiores, comenzando por hacernos amigos de su líder, que es la mente. La mente titubea entre el estado de vigilia, los ensueños y el sueño profundo; no permanece quieta ni un momento. En consecuencia, los demás líderes son aun más erráticos. Es muy difícil sojuzgar a la mente. Para eso hace falta la práctica espiritual, sadhana.
En la antigüedad, se hacía una práctica espiritual llamada aswameda, que consistía en dejar en libertad un caballo, y quien pudiera atraparlo lucharía con él. Finalmente, el caballo debía ser sacrificado. Desde el punto de vista físico, es un yaga o yagna, pero no es solo eso. Hay un significado profundo oculto. ¿Qué significa el caballo? El caballo nos ayuda a viajar, es muy rápido. Pero a la vez tiene una naturaleza inquieta, no está quieto ni un momento. Mueve la cola, o una pata, o las orejas, continuamente mueve alguno de sus miembros. Por eso se lo compara con la mente. La mente también corre muy rápido, también viaja; nada supera la velocidad de la mente, pero también es inquieta. Aswa significa caballo, medha significa la inteligencia o la mente, y yaga significa sacrificio. Esto es el aswa-medha-yaga.
El significado profundo del aswa-medha-yaga es matar la inquieta mente. Hay también otro significado para la palabra aswamedha. Existe un árbol llamado aswattha. Este nombre indica que sus hojas tiemblan aunque no sople el viento. De la misma manera, la mente es inquieta aunque no haya pensamientos. En esta inquietud hay un parecido entre la mente y el caballo.
Los rishis de la antigüedad hacían este aswa-meda-yaga como una práctica espiritual. Actualmente no se utiliza un caballo; en cambio, hablamos de una batalla. En un bando tenemos a kama, krodha, lobha, moha, mada y maatsarya, los seis enemigos que son el deseo, la ira, la codicia, la falsedad, el orgullo y la envidia. Son líderes malvados. En el bando opuesto tenemos a los líderes virtuosos, es decir la verdad, la rectitud, la paz, la no violencia y el amor. Se forma algo similar a un partido de fútbol, que se juega en la mente.
En esta especie de partido de fútbol que se juega en la mente, los de un lado patean la pelota, y también lo hacen los del otro lado. Hay una guerra entre ambos; ¿quién ganará? Los buenos sentimientos se ganan la gracia de Dios. Los malvados tienen cualidades demoníacas. No observan la rectitud, su líder es el intelecto.
Este líder dictó unas reglas para los jugadores: pateando al centro se hace un gol, pero pateando a los laterales la pelota se va fuera. Sus reglas son las del conocimiento mundano. Por su lado, los de buenos sentimientos ¿qué límites tienen? Los límites del conocimiento espiritual.
Los malvados no saben cómo hacer goles; patean la pelota indiscriminadamente, sin fijarse si su compañero está para recibirla. Cada vez que la pelota llega a sus pies, la patean. Esto no es un buen procedimiento.
Se debe pasar la pelota al compañero, al que está cerca de la meta. Entonces este la pateará hacia el arco. Hoy en los partidos no hay tales reglas. Hoy todos patean sin control y hacen un gran lío. Nadie acierta con la meta.
Del lado de las buenas personas, dos jugadores se estacionan cerca de la meta. No persiguen a la pelota dondequiera que vaya; no se mueven de su puesto, y los demás deben pasarles la pelota. Este es el buen procedimiento del juego. Dharma, la rectitud, y sathya, la verdad, son los que se quedan cerca de la meta. En el momento adecuado, patean hacia el arco. Están mutuamente dependientes, mutuamente coordinados.
Sobre los cimientos de la verdad, sathya, se construye la rectitud, el dharma. La verdad no cambia. La rectitud puede cambiar. Para la rectitud, solamente la verdad es la base. Solo los sentimientos de la verdad son los auténticos amigos. Las malas cualidades, como la ira, la lujuria y la codicia los lastiman a ustedes, como enemigos. No sirve de nada el esfuerzo por matar a los enemigos exteriores. El primer enemigo es el deseo. Debemos controlar a iccha shakti (la fuerza de voluntad). Esto es control.
Entreguen a Dios todos sus deseos, buenos o malos. Pase lo que pase, entréguenlos a Él. Él los convertirá en buenos. ¿Cómo? Un billete de cien rupias puede estar viejo, roto y sucio, ni siquiera quieren tocarlo. Si tratan de pasárselo a otros, nadie lo acepta. Pero si entregan este billete viejo y roto al Banco Central, ellos les darán un billete nuevo.
El presidente del Banco Central es Dios. Entréguenle todos sus sentimientos, los buenos y los malos. Él les dará a ustedes solo los buenos. Esos sentimientos pueden ser malos para ustedes, pero Él los hará buenos. Aunque tengan malos sentimientos, entréguenlos al Señor. El cuerpo (deha), la mente (manas), el intelecto (buddhi), la memoria (chitta), los sentidos (indriyas), todos estos instrumentos interiores (anthakarana) son dones de Dios. Estos dones tienen que ser entregados a Él.
Grandes devotos han dicho así. “¡Oh, Dios! Te entrego el sagrado corazón que tú me habías regalado. ¿Qué más puedo traer para adorar tus pies de loto? Te saludo, hago namaskar a tus pies. Por favor, acéptalo. El corazón que me habías dado, te lo ofrezco, oh, Señor. ¿Qué más puedo traer para adorar tus pies de loto? No tengo nada más. Solo te ofrezco mi obediencia, por favor acéptala”. Este es el camino correcto.
Cuando todo se entrega al Señor, no hay cabida para la maldad ni la perversidad. Supongamos que tenemos un trozo de oro muy sucio. ¿Acaso lo tirarán? Lo ponen en el fuego y lo derriten. Así eliminan la suciedad y lo purifican. De la misma manera, se puede hacer sagrada la mente que está sucia, si la entregan al Señor. Él eliminará la suciedad y cuidará de ella.
En la actualidad, los aspirantes tienen una costumbre muy peculiar. Cuando llevan oro al orfebre, le dicen:
—Señor, quiero una cadena para el cuello.
—¿Cuánto oro me entrega?
—Aquí hay 25 gramos de oro, y este es el diseño de la cadena.
—Estará lista dentro de una semana.
Pero la persona que hace el encargo tiene muchas dudas. “¿Cómo le voy a dar 25 gramos de oro así como así? Pero… si no se los doy, no podrá hacer la cadena”. Solicitan una cadena, pero no entregan el oro. Esto es como la mente, que hay que entregar al Señor; si no la entregan, ¿qué puede hacer el Señor? También ocurre que entregan el oro, pero dicen: “El oro que le he dado, no lo ponga sobre el fuego, no lo golpee con el martillo, no lo aplane ni lo deforme… pero haga la cadena”.
¿Cómo podría hacerla? Cuando le entregan el oro, ¡entréguenselo! El ofebre puede hacer con él lo que sea necesario. Puede ponerlo en el fuego, puede martillarlo, puede cortarlo en pedazos. Pero finalmente, ustedes necesitan la cadena. Si él no hace el proceso, ¿como podría darles la cadena?
Lo que hacen los aspirantes de hoy es decir: “Oh, Dios, te doy mi mente. No la pongas en dificultades, no le causes problemas. No la golpees con el martillo. Dame la liberación tranqulamente y dichosamente”. ¡Entreguen la mente! Dios les dará la joya de la verdad, la paz y la bienaventuranza.
Debido a que los aspirantes de hoy ponen tantas condiciones, ellos mismos causan su propios problemas. No pueden aferrar a la Divinidad que está tan cerca. Esta es su gran mala fortuna. Ustedes deben hacer todos los esfuerzos necesarios para preservar y mantener su propia divinidad. No necesitan poner ninguna condición. Todo lo que se pretenda sujetar a condiciones es solo temporario.
Si van a una tienda para comprar un pañuelo, si no dan diez rupias al vendedor, este no les entregará el pañuelo. Una vez que se las den, él entregará el pañuelo. Este es el fin de la relación entre ustedes dos.
Esto es una relación temporaria, una relación sujeta a condiciones. Si se ofrecen a Dios incondicionalmente, la relación será permanente. Esta es la relación que deben cultivar. Esa relación permanente no se basa en dar y recibir. Dar es responsabilidad de ustedes. Lo que El Señor les dé, será más que lo que ustedes le dieron.
¡Oh, mente, no pidas nada! No recibirán nada por pedir. No crean que por no pedir no recibirán nada. ¿Acaso el Señor no rescató a Sabari (devota del Señor Rama) sin que ella lo pidiera? ¿No hizo Él los ritos finales para el águila Jatayu? Dasaratha esperaba pasar sus últimos momentos con Rama, y lo solicitó, pero no recibió agua de manos de Rama en esos momentos.
Ni Sabari ni Jatayu pidieron nada. Dijeron: “Oh, Rama, te ofrezco todo. No tengo nada que sea mío; todo es tuyo”. A estas personas, Dios les dice: “Tú eres mío”, y los acepta. Rama dio agua a Jatayu con sus propias manos.
Sabari vivía en la colina Chitrakuta, y deambulaba por el bosque cantando continuamente el nombre de Rama. ¿Cuál era su servicio? En cada uno de sus actos pensaba en el Señor. Sabari era muy baja de estatura, y no peinaba sus cabellos. Cuando caminaba bajo los arbustos, estos tocaban su cabeza, y ella pensaba: “Soy tan baja, y las ramas tocan mi cabeza. En cualquier momento puede llegar Rama que está en el exilio, y los arbustos pueden tocarlo”. De modo que ella cortaba todos los arbustos.
Estando muy cansada, Sabari se sentó sobre una piedra que era muy áspera, y pensó: “Mi Rama que está en el exilio, puede llegar muy fatigado y tal vez quiera descansar sobre esta roca, que es tan áspera”. Es decir que ella tomaba todos los sentimientos de Rama como propios. También solía recolectar frutas, pensando: “Rama visitará este bosque, con hambre, y pedirá alguna fruta. ¿Qué fruta es dulce, qué fruta es agria?”. De modo que ella probaba todas las frutas. Todo lo hacía llena de amor. Esto es el servicio.
“Mi riqueza, mi esposa, mi familia, todo lo ofrezco a Ti. Solo quedo yo mismo. Oh, Dios, protégeme, me entrego a Ti. Tú lo eres todo”. Así deben ofrecer su mente a Dios. Él se ocupará de todo.
Supongamos que tienen un bolso con dinero. Teniéndolo en su poder, tienen miedo. Si van a comer a un restaurante, tienen miedo. A cualquier lado que vayan, tienen miedo. Si dejan ese bolso en el auto, tienen miedo. ¿Que hacer para librarse del miedo? Depositen el dinero en el banco. Se lo entregan al cajero y éste se ocupará de todo. Ya no necesitarán temer, y andarán tranquilos.
De la misma manera, pueden dar la responsabilidad al banco de la gracia, donde Dios es el cajero. En este banco de la gracia, Él recibirá lo que le den, y lo cuidará. Él cajero del banco manipula millones, pero no le pertenecen. Pertenecen a los depositantes. Asimismo, nada es de Dios; Él les devolverá lo que es de ustedes, lo que le entregaron, ya sea bueno o malo. |