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Discursos dados por Sai Baba

04. 22/05/93 Sathyam Shivam Sundaram

1993

Brindavan

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Encarnaciones del amor:

Aquel cuyo corazón está lleno de compasión, cuyas palabras están impregnadas de amor y cuyo cuerpo se utiliza en el servicio a sus semejantes no es afectado por poderes malignos ni por la influencia adversa de la era de Kali.

Ni las Escrituras ni los textos sagrados pueden rasgar la cortina de la mente. Delante de la cortina está la gente, y detrás de ella está Dios. La causa está de un lado y la consecuencia del otro.

Aunque el Uno Mismo individual y la Realidad Absoluta, es decir la Consecuencia y la Causa, son uno y lo mismo, parecen estar separados debido a la interferencia de la cortina de la mente. Dominando la mente, el Ser individual puede convertirse en el Uno Mismo Absoluto. «Prakruti» (el mundo) puede transformarse en «Paramatma» (por encima de Uno Mismo), y la Causa puede convertirse en Consecuencia.

Ni la casa ni el bosque pueden conferir la liberación,

porque es la mente la que decide.

Casa o bosque, poco importan

cuando ustedes han vencido a la mente.

Para el apego, el odio y todas las diferencias que albergamos, la causa es la mente. La mente lo envuelve todo y lo rodea todo. Donde no hay mente, no hay mundo en absoluto. Donde el mundo no existe, el odio y el apego dejan de existir; donde el odio y el apego no existen, la tristeza y la alegría dejan de existir. Tal estado, libre de tristeza y alegría, es el estado real del hombre.

Para la tristeza y el sufrimiento de la gente, el apego y el odio son la causa. Para el odio y el apego, el mundo es la causa; y para el mundo, la mente es la causa. Por eso se dice: «Mano moolam idam jagat» (la mente es la causa fundamental de este mundo). Es solo al trascender la mente que la gente puede aspirar a alcanzar la Divinidad. La gente está atada por el poder de la mente en el estado de vigilia, el estado de ensueño y también en el estado de sueño profundo. Las personas pueden convertirse en Dios solo al alcanzar el estado que trasciende estos tres estados.

El microcosmos contiene en sí el macrocosmos, porque el microcosmos y el macrocosmos son manifestaciones de la Única Realidad. El árbol está contenido en la semilla y la semilla en el árbol, porque la semilla y el árbol son uno y lo mismo. Al mirar la semilla, no pueden ver en ella el árbol. Pero, de hecho, el árbol está contenido en la semilla.

De manera similar, el macrocosmos está contenido en el microcosmos. Percatarse de esta verdad permite al hombre vislumbrar su propia forma real. La gente se vuelve ciega a la Realidad mientras tiene una visión exterior. Es solo al cultivar la visión interior que pueden tomar consciencia de la Divinidad interior. Esta toma de consciencia los lleva a la percibir a la «Divinidad Cósmica».

¿Cuál es la diferencia entre la «Divinidad Interior» y la «Divinidad Cósmica»? En realidad, no hay diferencia alguna. La Divinidad en la gente es la «Divinidad Interior», y la Divinidad que impregna el Cosmos es la «Divinidad Cósmica». Son como el objeto y su reflejo. Pero la gente debe renunciar a los sentimientos mundanos y debe cultivar sentimientos divinos. A menos que renuncien al «bhava Prakruti» (sentimientos mundanos), no pueden cultivar el «bhava Paramatma» (sentimientos divinos). A menos que pelen la amarga cáscara de la naranja, no pueden saborear el dulce jugo de la fruta. Sin renunciar a la cáscara de los sentimientos mundanos, no pueden disfrutar del dulce jugo de la Divinidad. En verdad, «Prakruti» y «Paramatma» son uno solo. El error está en «Dristi» (la visión), no en «Sristi» (la creación). Cuando miramos un plato de plata, no somos conscientes del contenido de plata en él. Somos conscientes del plato, no de la plata. Pero cuando dirigimos nuestra atención a la plata en el plato, olvidamos el plato. De manera similar, cuando contemplamos a la Divinidad que impregna al mundo, el mundo desaparece. Solo la Divinidad permanece.

En realidad, la relación entre «Prakruti» y «Paramatma», el «Jeeva» y el «Deva», es inextricable e interdependiente. Pero es la mente la que crea la diferencia, actuando como una cortina entre «Prakruti» y «Paramatma», entre ustedes y Dios. Cuando se levanta la cortina de la mente, «Jeeva» y «Deva» se vuelven uno solo. Es mediante el esfuerzo y el empeño que la mente puede ser conquistada, no mediante el aprendizaje libresco ni la discusión.

Desde el amanecer hasta el anochecer, nuestra visión está dirigida hacia el exterior, no hacia el interior. Somos atraídos por los placeres transitorios del mundo. Los placeres materiales son momentáneos.

Se dice que el rostro es el espejo de la mente. Pero esto no es cierto en el caso de la gente moderna, que practica la hipocresía. La gente moderna subestima la importancia de la vida. La vida es preciosa, infinita, inmortal y eterna. Sin embargo, la gente se deleita en disfrutar de los placeres momentáneos del mundo, en lugar de beber de las fuentes nectarinas de la vida. La lucha por los placeres transitorios roba a la gente la paz y la alegría. Daré una ilustración para sustentar esto. La gente decora su casa y su cuerpo, porque anhelan la belleza. Pero tales esfuerzos les dan solo una satisfacción momentánea, no una alegría duradera. Es la belleza interior, no la exterior, la que proporciona una satisfacción eterna. Es la belleza invisible del corazón la que todos deben esforzarse por cultivar. El amor, la paciencia y la compasión son las virtudes que dan belleza al corazón. Dulces son las palabras de la persona que ha cultivado la belleza del corazón. El resplandor de tal persona es el verdadero resplandor; las manos de tal persona buscan acciones nobles. Tal noble persona es digna de adoración. ¿Qué hay de malo en adorar a alguien tan digno?

¿Qué es la adoración? Tenemos la noción errónea de que la adoración es ofrecer frutas y flores. La verdadera adoración es la unión y la armonía de los corazones. Es el disfrute de la verdadera belleza lo que constituye una adoración real. La percepción de la unidad en la diversidad y el disfrute de la Divinidad en la Humanidad es la verdadera adoración. El deber impuesto a la gente es cultivar la madurez del corazón. Aunque el mundo es la encarnación de Dios, parece insípido si lo miramos con una actitud mundana. ¿Cuál es la causa de esto?

Cada persona mira el mundo desde su propio ángulo. Incluso el mejor de los mangos sabe astringente cuando está crudo. Sabe agrio cuando está a medio madurar; es dulce solo cuando está completamente maduro. El mundo es como una fruta madura. Pero sabe mal si lo miramos con una actitud mundana. La nectarina dulzura del mundo puede disfrutarse solo cuando se lo ve con una actitud divina. Por lo tanto, el principal esfuerzo de la gente radica en la transformación de sus actitudes y su mente. Solo un esfuerzo deliberado y empeñoso puede dar dividendos en este sentido.

«Dristi» (la visión) es lo que distorsiona la mente. Los pensamientos que constituyen la mente contribuyen a la aberración de la mente. Por lo tanto, un verdadero hombre es aquel que cultiva pensamientos sublimes y nobles; un verdadero hombre es aquel que ha cultivado la visión correcta, el habla correcta y el sentimiento correcto. La historia de los tres monos sustenta esta verdad. El mono que cierra los ojos nos dice que no veamos el mal; el que se tapa los oídos nos enseña a no escuchar el mal; y el que se cubre la boca nos dice que no digamos lo malo. Por lo tanto, no vean el mal, no escuchen el mal, no hablen mal.

El mundo está contaminado por las distorsiones de la audición, el habla y la vista. La contaminación interior de la gente se refleja como contaminación exterior. Todo es reflejo del ser interior. No hay redención a menos que la mente sea redimida. No es posible extinguir la mente; la solución radica en fusionar la mente con la Divinidad. El palo de sándalo no emite fragancia mientras es un palo; emite fragancia solo cuando se frota fuertemente contra el suelo. De manera similar, «Prakruti» también tiene fragancia, pero solo puede disfrutarse al fusionar «Prakruti» con «Paramatma». Es imposible alcanzar esa sublime estatura a menos que crezcamos de una mente a otra, de la Mente Natural a la Súper Mente, a la Mente Superior, a la Mente Iluminada y a la Supramente. ¿Cómo podemos ascender a la Supramente si no podemos controlar siquiera la mente natural? Solo mediante una fuerte resolución se pueden superar los impedimentos y alcanzar el objetivo.

En verdad, es fácil transformar la mente. Es fácil hacer el bien y difícil hacer el mal, fácil hablar con la verdad y difícil hablar con falsedad. Para decir falsedades, la gente tiene que idear caminos tortuosos. La verdad no requiere esfuerzo; la falsedad implica un esfuerzo arduo y retorcido. En verdad, es fácil relatar las cosas tales como son. No es un error cometer un error; el sadhana radica en darse cuenta del error y corregirlo.

Engañados por la forma y lo exterior, no debemos engañarnos pensando que somos personas ordinarias. Aunque la gente pasa por las diferentes etapas de infancia, niñez, juventud y vejez, la misma Divinidad corre todo el tiempo como una corriente subyacente. La Divinidad es siempre la misma. La Divinidad es inmutable, eterna y verdadera. La Verdad es Dios. En los números, el número «1» permanece inmutable aunque los otros deban sufrir cambios y variaciones. De manera similar, la Divinidad permanece inmutable y eterna. «Ekam Sat Vipra Bahuda Vadanthi». Aunque la Realidad es una, la gente la considera múltiple, dependiendo de sus pensamientos, sentimientos, actitudes y posición. Por ejemplo, el agua en este vaso se llama «neeru» en telugu, «tanni» en tamil, «pani» en hindi y «vari» en sánscrito. Aunque el agua en el vaso se llama de manera diferente en distintos idiomas, el agua sigue siendo la misma. En el mundo existe una sola Realidad. Esa Realidad es la Divinidad.

¿Cuál es el primer nombre de esta Realidad? No es Atma, ni «Daiva» (Dios), ni siquiera «Aum». En realidad, el primer nombre de la Divinidad es «Yo». Este «Yo» se usa frecuentemente en la vida diaria, porque «Yo» es la base de todas nuestras acciones. «Yo» es el aliento vital, el Uno Mismo, el Uno Mismo Superior, y lo es todo. Por eso se dice: «Easwara Sarva Bhutanam» (El Señor se manifiesta en todos). Dado que el «Yo» existe en todos, se dice que el Señor se manifiesta en todos. Aunque decimos que el Señor se manifiesta en todos, nuestras palabras no llevan la verdadera convicción nacida de una fe firme. Un día, los ladrones robaron los valiosos adornos en el templo donde Ramakrishna era sacerdote. Ramakrishna Paramahamsa, al notar el robo, fue a ver a Madhuranatha, el custodio del templo, y le informó del robo. Madhuranatha se enfureció al escuchar la noticia del robo y fue inmediatamente a la estatua de Krishna. Su ira no tuvo límites cuando vio que no había un solo adorno en la estatua de Krishna. Gritó: —¡Krishna! ¡Qué vergüenza! ¿Cómo puedes proteger el mundo cuando no puedes proteger tus adornos de las manos de los ladrones? ¿Estás dormido, o eres mudo? Es vergonzoso que, siendo la Divinidad, no pudieras proteger tus propios adornos.

Al escuchar estas palabras, Ramakrishna dijo: —¡Madhuranatha! No sigas, ¿por qué debería Krishna anhelar tus adornos cuando Lakshmi, la Diosa de la riqueza, es su consorte? ¿Por qué deberías estar tan dolido por el robo? Por estar tan lleno de deseos, te engañas pensando que el Señor anhela los adornos. En realidad, el Señor permite que le roben. En verdad, el Señor está siempre dispuesto a ofrecerse totalmente a los devotos. Por lo tanto, cambia tu actitud, y nunca critiques al Señor. Madhuranatha se retiró cabizbajo. Entonces, Ramakrishna Paramahamsa se sentó cerca de la estatua de Sri Krishna y suplicó: —¡Oh Señor! Concédeme la bendición de estar loco por ti y no por las posesiones mundanas por las que la gente se vuelve loca. Concédeme la bendición de la divina embriaguez. Es solo después de la experiencia de la Divinidad que todo parece ser divino. El universo está impregnado de divinidad.

El mundo es el mismo en los cuatro estados: «Jagrat» (sueño), «Swapna» (ensueños), «Sushupti» (sueño profundo) y «Thuriya». El estado «Thuriya» es el estado de la Supramente. En este estado de la Supramente se logra la trascendencia total de la mente, y la persona brilla como el «Puro Uno Mismo Divino». El Puro Uno Mismo Divino está desprovisto de todos los atributos y, por lo tanto, es omnipresente. Son los atributos de sonido, olor, tacto, sabor y forma los que determinan la cualidad penetrante que tienen los elementos. Por ejemplo, la tierra, que está dotada de los cinco atributos de «shabdha», «sparsa», «roopa», «rasa» y «gandha», es muy pesada y estable. Pero el fuego, que carece del atributo del olor, es más ligero que el agua y se eleva. El aire, que carece de olor, sabor y forma, es más ligero que el fuego y sopla en todas direcciones. El éter, que carece de los cuatro atributos de olor, tacto, sabor y forma, es más liviano que el aire y está presente en todas partes; pero la Divinidad, en la que todos los atributos están ausentes, es más penetrante que el éter.

La persona es una entidad eterna. Aunque está rodeada de cosas perecederas, alberga la noción de que no perecerá y vivirá para siempre. Aunque ve la muerte todos los días, siente que debe perdurar. Esto señala la naturaleza inmortal de los humanos. Aunque el cuerpo es mortal, ustedes son inmortales. Hay un anhelo secreto en cada persona de que debe perdurar para siempre. Incluso un anciano de cien años va al médico y le pide que le dé una inyección que no le cause dolor. Esto solo señala cómo la gente anhela la comodidad. Por lo tanto, la verdad, la belleza y la alegría son, en verdad, las formas de la Divinidad. Esto también se ha descrito como «Sathyam», «Shivam», «Sundaram» (Verdad, Bondad y Belleza). Estos tres atributos constituyen la realidad de las personas. La Verdad es inmutable, la Belleza es agradable de contemplar. Se dice: «Alankara Vishnupriyaha: Jaladharo Easwara Priyaha; Namaskaro Arunah priyaha; Bhojanam manavahpriya». (Al Señor le agradan los ornamentos, las nubes, el amanecer. A la gente le gusta la comida).

Hoy, la gente no anhela la Verdad, la Bondad ni la Belleza). En cambio, anhela la comida, porque el alimento constituye el cuerpo físico de los humanos. Ni el cuerpo físico, ni tampoco el cuerpo sutil, son permanentes. El cuerpo sutil existe mientras existe la mente. En el estado de sueño profundo, la mente está inactiva y se fusiona con el cuerpo causal. Es esta fusión de la mente y el cuerpo causal lo que contribuye a la felicidad suprema de la gente en el estado de sueño profundo. Por lo tanto, es necesario que la gente explore primero los misterios de su mente. En realidad, la persona y la mente no son dos entidades diferentes; son solo una, porque la persona es la mente. Somos nosotros quienes delegamos una autoridad injustificada a la mente y le permitimos reinar sobre nosotros. Debemos mantener la mente como sirviente, subordinada a nuestros mandatos, nunca como nuestro amo. Solo entonces la mente está a nuestra disposición, lista para cumplir nuestras órdenes. Pero lamentablemente, hoy la gente permite que la mente los domine en lugar de dominar la mente.

Estudiantes: deben hacer el esfuerzo correcto para educar su mente y hacerla subordinada a sus deseos. Cuando encuentren que su mente está vacilante, deben decir: «¡Oh mente! No te vuelvas loca ni codiciosa. Sé discreta y trata de discernir». Es este tipo de enseñanza lo que detiene la gran velocidad de la mente. Es mediante ese empeñozo esfuerzo que cultivamos la suprema calidad de la «Divina Voluntad Intelectual». Es por la Divina Voluntad Intelectual que podemos transformar todo el universo en Divinidad Cósmica. Es posible para la gente lograr esta transformación, ya que nada es imposible. Mediante la determinación y la empeñosa resolución, lo imposible se hace posible. Incluso un ave, si no decide volar, queda fija en el suelo. Pero cuando una pequeña hormiga decide moverse, puede recorrer kilómetros. Es la calidad de la determinación la que marca la diferencia. Deben resolverse sinceramente a borrar la diferencia entre «Yo» y «Ustedes», y considerar a sus semejantes como ustedes mismos.

La mayoría tiene la impresión de que la espiritualidad es ritualismo. En cambio, la espiritualidad es el espíritu de unidad. Es el espíritu de unidad lo que constituye el verdadero esfuerzo espiritual, la correcta devoción y la correcta sabiduría. Pero lamentablemente, no hemos logrado alcanzar tal sabiduría.

La gente piensa que la sabiduría puede obtenerse mediante el aprendizaje libresco. Pero el aprendizaje libresco es solo un ejercicio artificial, y la verdadera sabiduría nunca puede obtenerse por medios artificiales. La verdadera sabiduría se cosecha solo con el corazón. En primer lugar, la gente debe borrar la sensación de que es diferente de Dios. Algún día, cada persona se dará cuenta de que ella y Dios son uno solo, si practica continuamente la fe de que «Yo soy Dios». Pero decir de labios afuera tales declaraciones no produce resultados. Había una vez un devoto que solía cantar «Sivoham Sivoham». Su amigo, que lo observaba, preguntó por el significado de «Sivoham». El devoto respondió que el significado de «Sivoham» es «Yo soy Shiva (el Señor)». Su amigo siguió preguntando: —Si tú eres Shiva, ¿qué es para ti Parvati (la consorte de Shiva)?. —Al escuchar esto, el devoto dijo que era indignante hacer tales declaraciones. Esto solo muestra los ejercicios artificiales de los devotos que cantan mantras (divinas fórmulas espirituales) sin ninguna convicción. Si el devoto hubiera tenido la convicción de ser Shiva, habría dicho inmediatamente que él mismo era también Parvati.

Los mantras que pronunciamos deben llevar convicción. Debemos practicar la unidad de pensamiento, palabra y acción. Es esta armonía de pensamiento, palabra y acción lo que constituye la verdadera espiritualidad. La práctica de esta verdadera espiritualidad contribuye a la prosperidad de la nación. Escuchen las enseñanzas espirituales con atención concentrada. Lo que se escucha debe recordarse, y debe reflexionarse en ello; lo que se recuerda y reflexiona debe practicarse. Ese es el verdadero significado de las palabras «Sravana», «Manana» y «Nididhyasa». «Sravana» puede compararse con la preparación de los alimentos en la cocina, «Manana» con comer los alimentos, y «Nididhyasa» con digerirlos. En realidad, es «Nididhyasa» lo que contribuye a la felicidad suprema, porque «Nididhyasa» está marcado por la práctica. Es la práctica de las enseñanzas nobles lo que da alegría a la humanidad. No es el mero escuchar, ni siquiera el reflexionar, sino solo el practicar lo que contribuye a la alegría de la gente. La antigua máxima dice: «Hagan al menos uno en lugar de decir cien». Esta es la filosofía que todos deben aprender hoy. La lengua debe pronunciar el Nombre Divino, el oído debe regocijarse al escuchar a la Divinidad, los ojos deben disfrutar de la divina forma, el corazón debe estar lleno de amor al Señor. Esfuércense con ahínco por cosechar esta divina alegría.


Traduccion SBd