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21. 29/04/98 El amor es la fragancia de Dios | 29 de Abril de 1998
Sai Sruthi, Kodaikanal
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Desde que uno se levanta por la mañana hasta que se acuesta por la noche, está luchando por su sustento y pasa el tiempo estudiando todo tipo de libros, olvidando a la Divinidad. ¿Qué felicidad se puede obtener de una vida así? Oh, hombre, ¿has pensado alguna vez en esto? El hombre también se esfuerza en diferentes actividades con el fin de obtener la bienaventurada felicidad. ¿Puede uno obtener la bienaventuranza de los objetos del mundo exterior? ¿Está disponible en un lugar o región particular? ¿Es posible obtenerla de alguna persona? Nadie parece haber reflexionado sobre esto. La bienaventuranza está presente en todas partes. ¿Qué sentido tiene buscarla en un lugar, un objeto o una persona en particular?
Dios es inmanente en todas las criaturas vivientes, en todos los objetos y en todos los lugares, sin excepción. Esto está muy bien explicado en el Bhagavad Gita. Einstein, el famoso científico, ha dado un nuevo nombre para esto: «psicotrónica». Dijo: «¿Cómo puedo llamar a Dios, que es omnipresente?».
Dios está oculto al ojo físico, en todos los seres y en todos los lugares como energía cósmica. Estamos en constante búsqueda de Dios dentro de la limitación de una forma compacta. La bienaventuranza existe, pero no tiene forma. El amor existe, pero no tiene forma. ¿Cómo experimentamos lo que no tiene forma?
El amor puede no tener forma, pero ustedes pueden ver este amor expresado a través de una forma, la cual exuda amor. Aquí vemos una flor. Aun sin ver su forma, se puede disfrutar de su fragancia. Cuando experimentamos la fragancia, podemos suponer que la forma de la fragancia es la flor.
Los antiguos sabios, que experimentaban la fragancia de la Divinidad, buscaban su forma. Los sabios que habían renunciado a todo, hicieron muchos sacrificios para buscar la forma de la fragancia divina, pero fueron incapaces de experimentarla. Indagaron al respecto en bosques y arbustos. No pudieron encontrar la fuente. Algunos dejaron la búsqueda a medio camino, satisfechos con la fragancia que habían experimentado.
Uno no debe rendirse en ninguna búsqueda, una vez que está decidido a emprenderla. Si han pedido algo, no desistan hasta que lo consigan. Cuando hayan pensado en un plan de acción concreto, no descansen hasta llevarlo a cabo por completo. Este era el tipo de determinación al que adherían los sabios para lograr el objetivo, hasta el punto de que al fin el Señor se «disgustara» y les concediera su petición. Retroceder en la búsqueda emprendida no es la cualidad de un verdadero devoto.
Con tal determinación implacable, fueron capaces de encontrar la flor de la que emanaba la fragancia. Así, experimentaron la fragancia de la bienaventuranza. Algunos de los buscadores no podían experimentar la fragancia debido al intenso «frío». Aquellos que no podían experimentar la fragancia eran llamados ateos. Aunque tenían nariz, no podían experimentar la fragancia de la Bienaventuranza divina. Son personas desdichadas.
Pero aquellos que podían experimentar esta dicha exclamaban en éxtasis «Vedahametham Purusham Mahantham (Hemos descubierto la suprema personalidad de la Divinidad)». ¿Cómo descubrir esto? En cada ser humano, la dicha de Ananda emana del corazón, así como la fragancia emana de una flor. El corazón es completo y pleno. «Aquello es completo, y esto es completo. Cuando sacas lo completo de lo completo, lo que queda también es completo», dicen los Vedas.
¿Qué es la totalidad de la naturaleza? Por ejemplo, compran un kilo de azúcar. Toman un poco y se lo ponen en la boca. Tiene un sabor dulce. Toman algunos trozos y los mezclan con café o agua, y estos se vuelven dulces. Todos los trozos son iguales de dulces. El resto también es dulce. La calidad de la dulzura no se reduce cuando se toman porciones de un trozo completo de azúcar. Todas las porciones son iguales de dulces.
La totalidad se refiere a una sola cualidad. Había un experto artista llamado Antonio ( Antonio Stradivarius ) que solía hacer violines. Tardaba un año en hacer un violín. Uno de sus amigos le preguntó cómo podía ganar lo suficiente para cuidar de su mujer y sus hijos si tardaba un año en fabricar un violín. Él respondió: «Dios es la encarnación de la totalidad. Por lo tanto, todo lo que hagamos debe ser totalmente perfecto. Por el egoísmo de ganarme la vida, no puedo comprometer la calidad de la perfección. La única manera de complacer a Dios, que es la personificación de la perfección, es atenerse al principio de la perfección en su totalidad, para que Dios nos confiera la bienaventuranza».
Así enseñó el artista a su amigo. Cualquier pequeño trabajo que emprendamos, debemos hacerlo con perfección. Dios es la perfección. Somos parte de la Divinidad. También nosotros debemos atenernos a este principio de la perfección, en su totalidad. Debido a su escrupulosa adhesión a sus principios, Antonio ganó gran fama y sus violines son famosos incluso hoy en día, llevando el prestigio de ser un "Violín Stradivarius".
Para experimentar a la Divinidad, debemos tener la totalidad, que es la unidad, no la multiplicidad. Estamos considerando al Uno como muchos, en lugar de ver la unidad en la diversidad. Solo dividimos, no hacemos ningún esfuerzo hacia la unidad.
El sastre tiene tijeras y aguja. ¿Qué hace con ellos? Le das un trozo de tela de dos metros y le pides que confeccione una camisa. El sastre toma las tijeras y corta la tela en varios trozos, para el cuello, los brazos, etc. La pieza única de tela se corta en trozos. El sastre los une a todos y los cose formando una camisa. Con las tijeras corta la tela en trozos y luego utiliza la aguja para coserlos.
Dividimos al Dios único en muchos, como Rama, Krishna, Jesús, Alá, Zoroastro. Pero con amor, debemos unirlos. Debemos decir: «Todos son uno, mi querido hijo; trata a todos por igual». Este es el dicho de Jesús. Cuando lo pusieron a sufrir, los discípulos se sintieron muy tristes. Pero siguieron acusando al jefe de los sacerdotes y a la comunidad sacerdotal. También criticaron al gobernador que había dado esa orden. Para enseñar este principio de la unidad, Jesús dijo: «Todos somos uno. No debemos criticar a nadie ni culpar a nadie». El amor no se burla de nadie ni odia a nadie.
Hay un abismo de diferencia entre el amor mundano y el amor divino. El amor divino no pide nada. Es desinteresado. No se fija en las alabanzas ni las críticas. El amor no tiene deseos, y es continuo. En él no encontrarán ni un rastro de egoísmo.
El amor divino siempre da y nunca recibe. El amor mundano solo recibe y nunca da. Está lleno de egoísmo y espera una recompensa a cambio. El amor divino no desea ninguna recompensa. El amor es igual solo al amor. Nada más puede equipararse al amor. Solo el amor divino es este incomparable Premathathwa (principio del amor).
¿Cómo es el amor mundano? Todos ustedes lo conocen. Supongamos que un joven se casa, y pocos días después del evento van a dar un paseo por el parque. Él ve una espina en el camino. Inmediatamente, por amor a su esposa recién casada, grita: «¡Una espina, una espina!», y aparta a su mujer para que no se haga daño en los pies al pisar la espina. En ese momento, considerando que su esposa es su vida misma, la aparta del riesgo de pisar la espina.
Seis meses después, la misma pareja camina por otro sendero. El marido se da cuenta de que hay una espina en el camino. ¿Qué hace ahora? Le advierte a su esposa que tenga cuidado. Unos meses más tarde, ante una situación similar, la misma persona, en tono indignado, pregunta a su mujer: «¿No tienes ojos, que no ves la espina?».
Así, el amor mundano va disminuyendo en su magnitud a medida que pasa el tiempo. El amor divino nunca disminuye, sino que es constante e inmutable bajo toda circunstancia y después de cualquier número de años, incluso después de eones y muchos nacimientos.
El amor del Señor es amor dulce. Sus palabras son dulces. Todo en el Señor es madhuram (dulce). Por eso, las gopikas de aquellos días cantaban «¡Madhuradipati! Akhilam dadhuram». No podían soportar los dolores de la separación de Krishna. Recorrían Brindavan preguntando incluso a las flores. «¡Oh flores! ¿Vieron a nuestro amado Krishna?». No les importaba pensar si una flor era capaz o no de ver a Krishna.
¿Qué significa esto? Las flores, las hojas, las ramas y las plantas ven al Señor, que todo lo impregna. Pero las gopikas describían a Krishna como único, exclamando: «Es de tez oscura, y sus ojos con como una flor de loto; ¿por casualidad lo han visto? Tiene una pluma de pavo real en la cabeza, ¡Oh enredaderas! ¿Se esconde Él entre los arbustos?»
Dios es completo. No pueden decir: «Él está en esto, pero no en aquello». Tienen que amar todo. No deben amar con el motivo de obtener algún fruto o recompensa. Deben amar por el amor mismo.
En Gokulam (el pueblo de los vaqueros), una novia recién casada fue a vivir a casa de sus suegros. En aquellos días, la tradición del lugar era que todos los aldeanos iban todas las noches a casa de la madre Yasoda a encender sus lámparas, tomando la llama de la lámpara de aquella casa. Esto se debía a que esa era la casa de la familia más rica del pueblo, y a que el Señor Krishna había nacido en ella. Él era Dios, en quien estaban entronizados los Ashtaisvarya (los ocho tipos de riqueza). Los aldeanos creían que, por estar allí el Señor de todas las riquezas, al encender sus lámparas desde esa sagrada casa, también tendrían el beneficio de todas las riquezas.
Esta opinión no era compartida por el suegro y la suegra de la recién casada. Se quejaban de que todas las mujeres iban detrás de Krishna, que estaba en casa de Yasoda. Pero esta nuera estaba muy ansiosa por ver la encantadora forma de Krishna, que atraía a todas las demás jóvenes del pueblo. De hecho, ella solía reflexionar sobre la infinita capacidad del Dios encarnado, y cantar Su gloria como Shabdhabrahmamayi, Charaacharamayi, Jyothirmayi, Vangmayi, Nithyanandamayi, Paraathparamayi, Maayaamayi, Shreemayi (Supremo maestro del sonido, maestro de las cosas muebles e inmuebles, lleno de refulgencia, excelente orador, lleno de dicha eterna, el poder supremo, creador de la ilusión y maestro de la prosperidad). Ella solía cantar así la gloria del Señor Krishna interiormente, por miedo a que sus suegros pudieran reprenderla.
Por voluntad de Dios, un día, la suegra tenía fiebre alta, por lo que la nuera tuvo necesariamente que ocuparse de ir a casa de la madre Yasoda a encender la lámpara. Su suegra se lo permitió solo ese día, como excepción.
Yasoda solía tener una lámpara fuera. La joven solo tenía que encender la lámpara y marcharse. Se sentía triste porque, a pesar de haber llegado a la casa donde el Señor se había encarnado, no podía verlo porque la puerta estaba cerrada. Ensimismada mientras encendía la lámpara, no percibió que la llama empezaba a quemarle la mano. Cuando su vestido también empezó a arder, Yasoda percibió el olor a tela quemada y salió corriendo de la casa. Preguntó a la muchacha: «¿Estás loca? ¿No te das cuenta de que se te quema la ropa?».
La nuera sonreía como si estuviera en éxtasis. Dijo que estaba viendo la forma de Krishna en el jyothi (la llama). Al oír esto, las demás gopis (vaqueras) que venían a encender la lámpara se pusieron a bailar de alegría y corrieron por las calles. La muchacha se llamaba Suguna, y ellas cantaban que Suguna se había quemado la mano pero sonreía de alegría al ver la forma de Krishna en el jyothi.
La suegra de Suguna también lo oyó. Se enfadó muchísimo e incluso golpeó a su nuera, exclamando: «Por estar enferma tuve que enviarte a casa de Yasoda, y dices que allí viste a Krishna en la llama. ¿Cómo podemos soportar tu altanería?». Diciendo esto, golpeaba a su nuera. Pero ella, extasiada, no parecía prestar atención a todo eso.
Las gopikas empezaron a cantar: «A pesar de que su suegra la golpeó y su marido se enfadó, Suguna nunca se molestó ni tuvo miedo de nada. Disfrutaba de la imagen como si estuviera impresa en un papel, del cual no se la puede separar». Así disfrutaban las gopikas la compañía de Krishna. Diferentes personas disfrutan de diferentes maneras, pero Dios está totalmente presente en cada corazón.
Si toman una vasija pequeña para sacar agua del mar, pueden obtener solo la cantidad que la vasija puede contener. Si el recipiente es más grande, puede contener mayor cantidad de agua. No importa si tienen mucha o poca agua salada; si prueban una sola gota, la calidad es la misma que en el total. Del mismo modo, Dios está en forma de amor, en todos y cada uno. La calidad es la misma, aunque la cantidad pueda variar. Por eso los Upanishads declaran: «Aquello es completo y esto también es completo».
Los Pandavas y los Kauravas comenzaron la batalla de Mahabharatha. Vyasa llegó en un carro para lograr un compromiso y evitar un conflicto, que resultaría en la pérdida de vidas. Vyasa compuso varias epopeyas y codificó los Vedas en cuatro, aunque eran incontables en número. Teniendo en cuenta que la gente no puede leer todos los Vedas, los clasificó en cuatro: Rig, Yajur, Sama y Atharva Vedas.
Vyasa tenía conocimiento del lenguaje de los insectos, pájaros y animales. Cuando iba en su veloz carro, vio un insecto que se movía a gran velocidad. Le preguntó por qué se apresuraba tanto. El insecto respondió que el carro de Arjuna se acercaba muy deprisa y antes de que llegara él tenía que estar sano y salvo en su casa, donde le esperaban los miembros de su familia. Vyasa se dio cuenta de que el apego a la esposa y a los hijos es común no solo a los seres humanos, sino también a otros seres, como el insecto.
De todas las criaturas, el ser humano es considerado la mejor. Como no conocemos el lenguaje de los seres inferiores, no nos damos cuenta de que los insectos, los pájaros y los animales también tienen tales sentimientos de apego. Entonces Vyasa declaró que Dios está en todas partes, como si fueran sus manos, pies, ojos y oídos. La Divinidad está en todas partes. Pero el amor a la Divinidad es desinteresado, es espiritual, mientras que el amor mundano es egoísta y pasajero. Debemos convertir el amor mundano en amor espiritual.
Ruchir narró una historia. Un emperador organizó una gran exposición. Dijo que cualquiera podía escoger cualquier artículo que le gustara. ¿Qué era esta exposición? En la exposición del mundo hay desde insectos hasta seres humanos. Está llena de objetos y criaturas diferentes. La inmensa humanidad visita esta exposición y se lleva lo que quiere. Muestran preferencias, y se llevan cosas costosas.
Una mujer entró en esta exposición y vio cosas sagradas, objetos sagrados, bosques sagrados de sabios y santos, y todo lo que pertenece a la Voluntad de Dios. «Todos son actos de Dios. Dios es el amo de este mundo. Yo no traje nada cuando nací. Tampoco me llevo nada cuando parto del mundo, ni siquiera dejamos nuestra nueva dirección». Diciendo esto, se marchaba con las manos vacías.
El rey le preguntó por qué no se llevaba nada. Ella respondió: «Es natural. Vine con las manos vacías y vuelvo con las manos vacías».
El rey le pidió que se llevara al menos un artículo. Ella le preguntó si estaba dispuesto a darle lo que fuera, y luego dijo: «Solo te quiero a ti. Cuando seas mío, la propiedad de toda la exposición será mía».
Entonces, Dios se entregó a ella. Ella dijo: «Esta es la consumación de mi nacimiento». De todo el tiempo que dedicamos a la familia, el dinero, la comida, etc., si tan solo dedicáramos una fracción de ese tiempo a contemplar a Dios, nuestro último viaje sería muy seguro.
La puerta del Dios de la Muerte está hecha de un material muy pesado. Para abrir la puerta tenemos que contemplar los Pies de Loto de Dios.
¿Quién es la dama aquí? Es Prakriti. ¡Todos son mujeres! Solo por vestir pantalones y camisa, ustedes no se convierten en Purusha (masculinos). Todo quien viste un cuerpo es una sthri (mujer). La conciencia que impregna el cuerpo se llama Purusha, y es chaitanya (la Consciencia). El cuerpo es jada (inerte). El hombre es una combinación de ambos.
Esta combinación de la consciencia interior, es decir el Purusha o aspecto masculino, y el cuerpo inerte o aspecto femenino se denomina Ardhanariswara (mitad masculino y mitad femenino). No solo Easwara es así, sino que todo ser humano es un Ardhanari. La vida humana no es una entidad única, sino la combinación de Prakriti y Paramatma, los aspectos femenino y masculino.
En esta obra teatral de la vida, todos somos actores. Incluso Bhagavan interpreta un papel. El mundo es como un escenario. Dios es el director, y todos actúan según Sus instrucciones. El mero hecho de que una persona vista como un hombre no significa que sea masculina.
Supongamos que se celebra el aniversario de un colegio femenino. Ponen en escena una obra de teatro en que las chicas pueden representar los papeles de rey, ministro, soldado, vigilante, etc. Todos los actores son chicas. Ellas solo han asumido roles de hombres. Los varones no deben enorgullecerse diciendo «Udhyogam purushalakshanam (tener un trabajo es prerrogativa de los varones)». Atmashakthi (la energía Atmica) es común a todos.
Ahora se encuentran muchas mujeres que van a trabajar, y hay muchos varones que no trabajan. El Dharma es la característica del ser humano, tanto hombre como mujer. La verdad también es su característica. La verdad es Dios. El Amor es Dios. Vivan en el Amor.
La Divinidad es total en todos y en todas partes. No pueden verla con los ojos físicos, pero pueden visualizarla con el ojo de la sabiduría o visión interior. Al aire no pueden negarlo, aunque no puedan verlo ni agarrarlo. Del mismo modo, Dios está presente en muchas formas.
Cuando hace calor, se puede experimentar frescura con una pantalla de mano o un ventilador eléctrico. El aire no es producido por el ventilador, pero utilizando un ventilador se obtiene aire. El intelecto es el ventilador. Si lo giran hacia el Atma, obtienen Atmananda (la bienaventuranza átmica). En cambio, si lo dirigen hacia el cuerpo, obtienen placer corporal, que es momentáneo.
No se puede depender del cuerpo para atravesar el mar de la vida. Es perecedero y pasajero. Está lleno de suciedad, carne y huesos. Tienen que entregarse a la Divinidad interior. Una vez que la Divinidad los ayuda, no hay nada que no puedan lograr.
Traduccion SBd
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