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Discursos dados por Sai Baba

{SB 08} (44 de 45 discursos 1968)

22. 04/07/68 El mensaje que traigo

El mensaje que traigo

( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 06 cap. 48 )

El mensaje que traigo

4 de Julio de 1968

Nairobi, Kenia

SU REALIDAD ES el Alma, una ola del Paramatma. El único propósito de esta existencia humana es visualizar esa realidad, esa Alma, esa relación entre la ola y el mar. Todas las demás actividades son triviales; las comparten con los pájaros y las bestias, pero aquella es un privilegio exclusivo del hombre. Él ha ido trepando por todos los niveles de la animalidad, todos los peldaños en la escala de la evolución, a fin de heredar este alto destino. Si todos los años entre el nacimiento y la muerte son malgastados buscando alimento y abrigo, comodidad y placer como lo hacen los animales, el hombre se está sentenciando a volver a nacer.

El hombre está provisto de dos dones especiales: la facultad de razonamiento y la facultad de análisis y síntesis. úsenlas para descubrir la verdad de sí mismos, la cual es la verdad de todos los demás y de todo lo demás. Todos los países son sostenidos y sustentados por esta Tierra; todos son calentados por el mismo sol; todos los "cuerpos" están inspirados por el mismo principio divino; todos están impulsados por el mismo motivador interno. Los Vedas son los primeros testimonios de la victoria del hombre sobre sí mismo, su descubrimiento de la unidad subyacente en toda la creación y de su palpitante contacto con la verdad unificadora. Declaran: Dios es la realidad interna de todos los seres (Sarva bhutantara atma), Todo esto está envuelto por Dios (Ishavasyamidam Sarvam), Todo esto es Dios (Vasudevasarvamidam). El principio divino que está en cada uno es como la corriente eléctrica que hace iluminar los focos que están delante de mí, de diferentes potencias. El mismo Dios brilla en y a través de cada uno, cualquiera que sea la creencia, el color, la nación o el territorio. La corriente anima y activa todas las lámparas; lo Divino anima y activa a todos. Aquellos que ven diferencias están engañados; están cegados por el prejuicio, el egoísmo, el odio, la maldad. El amor ve a todos como una familia divina.

¿Cómo se expresa este principio del Alma en el hombre? ¡Como amor! El amor es la naturaleza básica que lo sostiene y fortalece su resolución de continuar hacia adelante. Sin amor, el hombre está ciego; el mundo será para él una jungla oscura y temible. El amor es la luz que guía sus pasos en la selva. Los Vedas establecieron cuatro metas para el hombre, dos pares de metas, más bien: La moralidad riqueza (dharmaartha), o sea el ganar lo necesario para la vida por medios morales, y el deseo y liberación (kamamoksha), el logro de la liberación de la doble experiencia del dolor y del placer y el deseo por esa liberación y por nada más que ese supremo tesoro. Todas estas metas son asequibles por medio de la práctica del amor. El amor regulado por la verdad (sathya), la rectitud (dharma) y la ecuanimidad (shanti). ¡Los Vedas enseñan que el hombre debe ganar la riqueza por medio del camino del dharma, pero esto no se hace así; la riqueza está siendo acumulada de cualquier manera! Los Vedas enseñan que el hombre debe tener un solo deseo (kama): el de la liberación (moksha); esto tampoco se respeta. El hombre se está ahogando en el torbellino del deseo; pero la satisfacción de ese deseo nunca podrá saciar su sed más profunda. ¿Cómo puede un prisionero tener algún otro deseo que no sea el de la libertad? La ansiedad, el temor y la intranquilidad reinantes en todo el mundo son las consecuencias de este camino erróneo.

El cuerpo humano, tan lleno de destrezas, tan capaz de las mayores aventuras, es un don de Dios para cada uno de ustedes. Debe ser usado como una balsa sobre la cual pueden cruzar este siempre agitado mar de los cambios que yace entre el nacimiento y la muerte, la esclavitud y la liberación. Despierten a este deber primordial mientras sus facultades físicas y mentales son agudas; despierten mientras su poder de discernimiento está vivo. No pospongan la botadura de la balsa, pues pronto ya no servirá. Puede llegar a estar agobiada por la enfermedad de manera que toda su atención tendrá que ser dedicada a su mantenimiento. ¡Piensen en la incomparable alegría que surgirá dentro de ustedes cuando se vayan acercando a la ribera de la liberación! Naveguen seguros en las agitadas aguas de los cambios. Sean un testigo, no anhelen el fruto de la acción, dejen la consecuencia de todos los actos a la voluntad de Dios: él es el hacedor; ustedes no son sino el instrumento. Persigan fines más nobles, tengan ideales más grandiosos; los placeres sensuales son baratijas, trivialidades. Los sabios descubrieron las disciplinas que los mantendrán imperturbables ante la derrota o la victoria, la pérdida o la ganancia. Apréndanlas, practíquenlas; establézcanse en la paz que nada perturba.

En los hogares y escuelas, padres y maestros deben emprender con seriedad el adiestramiento de las mentes de los jóvenes por estos caminos; pero primero deben equiparse para este trabajo mediante una firme práctica de la meditación y de la recitación del Nombre de Dios. En cada hogar debe fijarse un cierto tiempo cada día, tanto en la mañana como en la noche, para la lectura de libros espirituales y la recitación del Nombre Divino. Padres e hijos deben unirse para cantar la gloria de Dios. De hecho, todo el tiempo debe dedicarse a Dios. Como primer paso, se pueden dedicar algunos minutos a la adoración de su gloria o a la consideración de la profundidad de esa gloria. Gradualmente, cuando la dulzura del hábito los anime, dedicarán cada vez más tiempo y se sentirán cada vez más contentos. El objeto del "vivir" es lograr "vivir en Dios". Todos tienen derecho a esta consagración y consumación. Ustedes son la verdad; no pierdan la fe; no se rebajen. Ustedes son divinos, no importa cuántas veces caigan de la humanidad a la animalidad o hasta más abajo.

Cultiven el amor; compartan ese amor con todos. ¿Cómo pueden darle más a una persona y menos a otra cuando ambas son iguales a ustedes? Si olvidan la divinidad básica, surge el odio y la envidia levanta su cabeza; si ven al Alma en todos, brota el amor y la paz desciende como el rocío. Ustedes son personificaciones del amor. Han estado sentados aquí por horas, a cielo abierto, soportando gran incomodidad, esperándome, deseosos de escucharme y de verme. Yo les estoy hablando sólo para satisfacer este ardor. Al sentir su amor, siento que debo compartirlo y permitirles que compartan mi amor; ésa es la mejor de todas las comunicaciones y comuniones. La mediación de las palabras es, entonces, innecesaria.

He venido para encender la lámpara del amor en sus corazones y velar por que brille cada día con mayor fulgor. No he venido para hablar de una religión en particular, como el hinduismo. No he venido en una misión para propagar alguna secta o creencia o causa; ni he venido para reunir seguidores para una doctrina cualquiera. No tengo planes para atraer discípulos o devotos a mi rebaño o a cualquier rebaño. He venido para hablarles acerca de esta fe unitaria universal, de este principio átmico, de este camino de amor, de esta ley de amor, de este deber de amor y de esta obligación de amor.

Todas las religiones enseñan una disciplina básica: eliminar de la mente la mácula del egoísmo, de ese correr detrás de las alegrías pequeñas. Cada religión enseña al hombre a llenar su ser de la gloria de Dios y a eliminar la mezquindad del engreimiento. Lo adiestra en métodos de desapego y de discernimiento, para que él pueda apuntar alto y lograr la liberación. Crean que todos los corazones están movidos por el uno y único Dios; que todos los credos glorifican al uno y único Dios, que todos los nombres en todos los idiomas y todas las formas que el hombre pueda concebir denotan al uno y único Dios y que su adoración se hace mejor por medio del amor. Cultiven esta actitud de unidad entre hombres de todas las creencias, todos los países y todos los continentes. Ése es el mensaje de amor que yo traigo. Ése es el mensaje que deseo guarden en su corazón.

Promuevan el amor, vivan en el amor, difundan amor, ése es el ejercicio espiritual que rendirá el máximo de beneficios. Cuando reciten el Nombre de Dios, recuerden al mismo tiempo su majestad, su compasión, su gloria, su esplendor, su presencia, y el amor crecerá dentro de ustedes, sus raíces irán cada vez más profundo, sus ramas se extenderán cada vez más anchas, dando un fresco refugio a amigos y enemigos, compatriotas y extranjeros.

Dios tiene un millón de nombres, los sabios y santos lo han visto en millones de formas; lo han visto con los ojos cerrados y los ojos abiertos, lo han exaltado en todos los idiomas humanos; sin embargo, su gloria no se acaba. Escojan cualquier nombre y cualquier forma que les plazca, y cada día, cuando se despiertan al llamado del amanecer, reciten el nombre y mediten en la forma; tengan el nombre y la forma como sus compañeros, guías y guardianes durante el trabajo de las horas de vigilia; cuando se retiren en la noche, ofrezcan un agradecido homenaje a Dios en esa forma y con ese nombre por haber estado con ustedes, a su lado, ante ustedes, detrás de ustedes durante todo el día. Si se adhieren a esta disciplina no podrán titubear o fallar.

Debo darles un consejo más. Esfuércense siempre por promover la alegría y la felicidad de sus compatriotas en este continente; compartan su alegría y su felicidad. La India es llamada Bharat porque el pueblo de este país tiene un gran apego por Dios; son devotos de Dios y así, de todos los hijos de Dios. Temen al pecado y están deseosos de adquirir el conocimiento supremo Uñana).

Resuelvan emprender la búsqueda de su propia realidad. Resuelvan vivir en la inspiración de la constante recordación de Dios. Cultiven el amor y compartan ese amor.

Los bendigo para que logren éxito en esta empresa y deriven de ello gran felicidad.

Nairobi, Kenia

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